¿En qué momento empezamos a desconectarnos de lo que realmente importa?

¿En qué momento empezamos a desconectarnos de lo que realmente importa?

Cuando estaba buscando los lugares perfectos para tomar las fotos del blog de Hunch, pensé que iba a terminar en los lugares de siempre.

Pero elegí espacios distintos.
Lugares que cuando era pequeña me daban demasiada alegría visitar.
Lugares que me emocionaban genuinamente.
Y que, sin darme cuenta, dejé de frecuentar.

Y me pregunté:

¿Cuándo fue que “madurar” se convirtió en dejar de lado lo que realmente me movía?

La vida, las etiquetas, las redes, el qué dirán.
Todo eso empezó a moldearme.

Tal vez fue cuando empezamos a pensar demasiado.
Cuando sentimos que había que encajar.
Y como muchas, comencé a apagarme.
A esconder lo que me gustaba.

Y sí.
Crecimos.
Y en ese proceso… nos desconectamos.

Creando Hunch.
Un proyecto que habla de intuición, emoción y autenticidad.

Me hice una pregunta muy simple, pero honesta:
¿Cómo voy a invitar a otros a conectar… si yo estoy desconectada de lo que me hace vibrar?

No estaba siendo yo.
Una niña feliz, intensa, sensible, curiosa.
Que decía lo que le gustaba sin pena.
Que se emocionaba con el planetario, con los acuarios, con museos, galerías de arte, con los vitrales de una iglesia, con una fuente en un parque.

Y ahí entendí algo.

Conectar con tu niño interior no es una moda. Es una necesidad.

Porque ahí también se sembró parte de lo que somos.
Ahí están las primeras emociones genuinas.
Las pasiones, el deseo que es nuestro motor.
Las “ideas locas” que un día se convirtieron en proyectos.

Y no te voy a mentir:
Al principio me dio miedo.
Miedo a que dijeran que era incoherente.
Miedo a que pensaran que estaba fingiendo.
Miedo a que alguien me recordara lo que “había sido”.

Pero… ya no me da miedo que me digan:

“Pero tú antes no eras así.”

Todo esto gracias a una frase que me marco “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.”

Y qué alivio.
Qué alivio saber que no estamos condenados a ser siempre los mismos.
Que si algo de ti ya no vibra, puedes soltarlo.
Y si algo que dejaste atrás todavía te hace SENTIR emociones positivas… puedes volver a buscarlo.

Y si hoy algo dentro de ti quiere regresar… déjalo.

Vuelve a ese sitio que te hacía feliz.
A ese plan que amabas y que ahora te da pena decir.
A ese lugar donde podías ser tú sin pensar tanto.

Siente estos lugares como portales

A tu esencia.
A tu creatividad.
A tu libertad.

Si algo de esto resonó contigo, tal vez es momento de volver.
No al pasado.
Sino a lo que fuiste… antes de olvidar lo que te hacía especial.

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